La inteligencia artificial ya está en una de cada cinco empresas españolas

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La inteligencia artificial avanza en las empresas españolas bastante más deprisa de lo que sugieren algunas cifras que han vuelto a circular estos días. Los últimos datos disponibles sitúan ya en el 21,1% el porcentaje de compañías de diez o más empleados que utilizaban alguna tecnología de IA en el primer trimestre de 2025. En apenas un año, por tanto, la adopción aumentó 8,7 puntos, un salto suficientemente importante como para pensar que la conversación empresarial empieza a cambiar.

La adopción acelera, pero no al mismo ritmo

Detrás de ese 21,1% existe un panorama bastante desigual. El sector servicios es el que más utiliza inteligencia artificial, con una penetración del 25,7%, mientras la industria se sitúa en el 17,5% y la construcción en el 11,4%. Las diferencias tienen bastante lógica, porque una compañía que trabaja con atención al cliente, grandes volúmenes de transacciones o el procesamiento inmediato en el mercado de las casas de apuestas encuentra más oportunidades inmediatas para introducir modelos de IA que otra cuyo negocio depende de operaciones físicas.

El tamaño también continúa marcando una diferencia importante. Los estudios sobre adopción empresarial muestran que las compañías grandes incorporan estas herramientas con mayor facilidad, en parte porque disponen de más capacidad de inversión, especialistas tecnológicos y datos estructurados. Para una pyme, en cambio, desplegar un sistema propio, conectarlo con las aplicaciones internas y formar a la plantilla puede convertirse rápidamente en un proyecto bastante más complejo de lo que parecía al contratar una herramienta online.

Utilizar IA no significa haber transformado el negocio

Precisamente aquí surge una de las cuestiones más relevantes de esta evolución. Un análisis del Banco de España situaba cerca del 20% la proporción de compañías encuestadas que ya empleaban estos sistemas, aunque señalaba que en la mayoría de los casos la adopción todavía se encontraba en una fase experimental.

Esa distancia entre experimentar e integrar marcará buena parte del desarrollo empresarial de la IA en los próximos años. Generar un resumen, preparar un primer borrador o utilizar un asistente para buscar información requiere poco esfuerzo, mientras conectar la IA con facturación, inventarios, ventas, mantenimiento o atención al cliente obliga a revisar datos, permisos y procesos completos. En el desarrollo web y el ocio digital, emplear IA para predecir picos de carga en el servidor y optimizar el rendimiento gráfico de las slots exige una integración profunda con las arquitecturas en la nube. En ese punto es donde empiezan los retos menos visibles, ya que la falta de personal especializado y los costes de infraestructura técnica siguen siendo barreras importantes.

Además, cuanto mayor es la autonomía concedida al sistema, mayor debe ser el control. Los nuevos agentes de IA pueden consultar aplicaciones, recuperar información y ejecutar distintos pasos dentro de un proceso, lo que amplía enormemente sus posibilidades, pero también convierte cuestiones como los permisos, la trazabilidad, la calidad del dato y la supervisión humana en elementos centrales. 

La próxima batalla será conseguir resultados

España parece haber superado una primera fase en la que buena parte del debate giraba alrededor de si las empresas debían utilizar inteligencia artificial. Con un crecimiento de 8,7 puntos en apenas un año entre las compañías de diez o más trabajadores, la adopción ya avanza suficientemente rápido como para que la pregunta empiece a ser otra. ¿Qué obtiene realmente el negocio a cambio?

La IA puede reducir tareas repetitivas, acelerar el análisis de información o ayudar a responder con mayor rapidez, pero ninguna de esas ventajas aparece automáticamente por contratar una plataforma. Hace falta saber qué problema se quiere resolver, disponer de buenos datos y medir si el resultado mejora de verdad el trabajo.

El 21,1% confirma que la inteligencia artificial empieza a ocupar un espacio relevante dentro del tejido empresarial español, aunque la cifra también evidencia todo lo que queda por recorrer. El siguiente paso será bastante menos espectacular que descubrir una nueva herramienta cada semana, pero probablemente mucho más importante. Conseguir que toda esa tecnología termine aportando productividad, mejores decisiones y un retorno que pueda demostrarse con números.

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