El Principado opta a 1.500 millones de euros tras el acuerdo de los fondos europeos

Barbon desescalada

Barbón afirma que el acuerdo de la UE “es el mayor salto adelante en el proceso de construcción europea en décadas”

El presidente del Principado, Adrián Barbón, celebraba este martes el acuerdo cerrado en la Unión Europea sobre el fondo de recuperación para afrontar la crisis provocada por el Covid-19. Lo hacía en su cuenta oficial de Twitter, donde el jefe del ejecutivo autonómico afirmaba que “La movilización de 750.000 millones de euros para afrontar la crisis social y económica generada por el coronavirus, es el mayor salto adelante en el proceso de construcción europea en décadas, especialmente con la emisión de deuda comunitaria. Frente al austericidio, ¡más Europa!”, ha escrito Adrián Barbón..

Después de cuatro jornadas con escasas pausas, los veintidós siete líderes de la Unión Europea sellaban de madrugada un paquete económico sin precedentes que permite que la Comisión Europea se endeude hasta obtener 750.000 millones y repartir más de la mitad en ayudas directas . Pero los cuatro días que se han necesitado han dejado al descubierto el déficit de confianza entre bloques y entre gobiernos e instituciones.

La crónica del pacto europeo para salvar la economía del coronavirus debería comenzar en marzo, con los primeros avisos del Banco Central Europeo reclamando una respuesta masiva ante una recesión económica de magnitud bélica. Se hablaba de billones de euros. Han hecho falta meses para hacer cuajar el mensaje en una UE dividida de norte a sur, pero, después de aparcar debates como los coronabonos o la deuda perpetuo, los Veintisiete set se veían las caras el viernes, con el peso y la responsabilidad de conseguir un acuerdo histórico. El consenso se fue construyendo con el ritmo marcado por el norte.

El primer día comenzó con las expectativas nubladas. La canciller alemana, Angela Merkel, responsabilizada de las negociaciones porque así lo ha querido el calendario que le ha otorgado justo ahora la presidencia rotatoria de la UE, admitía que las posiciones estaban alejadas y no garantía del acuerdo. El principal problema tenía nombre holandés: el primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte , empeñado no sólo en rebajar todas las cifras sino también en tener derecho a veto ante el desembolso de los fondos a sus socios. Su actitud enrareció el ambiente de los dos primeros días.

El freno de emergencia

De ahí que pronto se gestó la primera concesión que ayer se materializó en el acuerdo final. Para obtener el dinero del fondo de reconstrucción, cada estado debe presentar un plan de reformas que deberá ser aprobado por la Comisión pero también por mayoría cualificada de los veintiún siete líderes. Rutte quería más y, finalmente, ha obtenido un freno de emergencia que permite que cualquier gobierno presente objeciones ante estos planes de gasto y queden sometidos a debate político durante tres meses. No es derecho a veto, pero puede complicar mucho la situación. Los Países Bajos, pues, no se fían de que el sur se gaste el dinero de todos (deuda emitida en Bruselas) en el que toca y tampoco se fían de que la Comisión lo controle como debería hacerlo, según han admitido fuentes diplomáticas holandesas a lo largo de los últimos días.

La segunda jornada comenzaba con esta concesión asumida por un bloque del sur en inferioridad negociadora por ser el que más necesita. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, lo incluía en una segunda propuesta que España no recibió con malos ojos. El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, defendió ayer que esta era la opción menos mala en cuanto a la condicionalidad, en una comparecencia sobre las seis de la mañana para celebrar “un acuerdo histórico” y dejar claro que España n ‘ estaba más que satisfecha: “La línea roja era no tener ningún acuerdo”. España, como Merkel, también desconfiaba que el club capitaneado por Rutte acabara reventando la cumbre.

La rebaja de los subsidios

El segundo y tercer días de cumbre se vivieron con un ambiente más duro y cruce de reproches sobre todo desde Italia y Francia hacia el conjunto de los frugales (holandeses, suecos, daneses y austríacos), a los que se retraía su intransigencia. Asumido el freno de emergencia, las negociaciones ya centrarse en las cifras y sobre todo en los subsidios. La propuesta inicial tenía 500.000 millones. los frugales no querían ni un euro y el sur, con Francia y Alemania de apoyo, no querían bajar de 400.000 millones. Finalmente, ayer terminaron aceptando 390.000 millones en ayudas directas y 360.000 millones en créditos. Un acuerdo salomónico que ahora cada uno deberá encargarse de vender de la mejor manera en casa. En España le permite mantener los 140.000 millones previstos por el acuerdo inicial (un 11% de su PIB, en línea con la pérdida económica prevista debido a la pandemia), pero se pierden 5.000 millones de ayudas de subsidios, que quedan en 72.000 millones.

Los frugales no pasaron de cero a 390.000 a cambio de nada. El precio a pagar es un aumento de los cheques compensatorios que cobran por ser contribuyentes netos. Estas compensaciones se disparan hasta los 50.000 millones (durante los siete años del presupuesto europeo también acordado ayer), con Austria y Dinamarca como los más beneficiados. Y justamente quien no sale bien parado del acuerdo es el presupuesto comunitario, que se queda en 1,074 billones y pierde recursos en partidas como innovación o la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, el objetivo es que el 30% de los fondos se destinen a proyectos verdes.

Todos ganan y todos pierden, intentando equilibrar intereses y desconfianzas en un paquete económico sin precedentes por el tamaño, la velocidad y también por la dureza de una negociación en plena pandemia.

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