Los termómetros digitales, accesorios de moda del año 2020

Termómetro

Aunque el termómetro sea un instrumento que todos hayamos usado alguna vez en nuestros hogares, nunca antes había alcanzado tanta notoriedad como en este año 2020. Aquellos que peinan canas recordarán los antiguos termómetros de mercurio que nuestras madres usaban para medirnos la temperatura si sospechaban que su vástago podía tener algunas décimas de fiebre. Esos tradicionales termómetros de mercurio fueron gradualmente sustituidos por los termómetros digitales, aunque el uso cotidiano de estos siguiera siendo el mismo con nuestros hijos o nuestras parejas. Sin embargo, la pandemia de la Covid-19 ha situado al termómetro como un instrumento de lo más habitual en nuestras vidas diarias.

Pero el termómetro es un instrumento que, con mayor o menor precisión en su funcionamiento, lleva siglos entre nosotros. Su origen se remonta nada menos que a la antigua civilización griega; tras investigar y descubrir que el aire podía dilatarse por el calor, los griegos ya hicieron sus pinitos con lo que podría considerarse como un instrumento de medición de la temperatura de cierta similitud a los actuales termómetros. No obstante, tendría aún que pasar mucho tiempo para que otros científicos (como el renombrado Galileo Galilei) experimentaran en serio sobre el termómetro. No sería hasta el siglo XVIII cuando el no menos famoso físico alemán Fahrenheit mejorara los anteriores proyectos al respecto para acabar siendo el científico al que se le puede atribuir la invención de un termómetro que fuera capaz de ofrecer una ajustada medición de la temperatura.

La medición de la temperatura en tiempos de pandemia

Conforme el planeta asistía con una mezcla de miedo y consternación a la expansión del coronavirus durante los meses de marzo y abril de este año, se hizo patente la necesidad del uso de dispositivos de medición de la temperatura de nuestros cuerpos a la hora de acceder a espacios públicos, en un intento de controlar la propagación del virus y evitar el acceso de posibles infectados a dichos lugares públicos. Los instrumentos que comenzaron entonces a usarse de forma masiva en este esfuerzo colectivo de contención de la pandemia fueron los conocidos como escáneres térmicos y los llamados termómetros infrarrojos. Y, desde entonces, estamos expuestos a que nos controlen la temperatura con ellos antes de poder acceder a un espacio público cerrado.

Entre las medidas adoptadas en todo el mundo para contener el avance de la enfermedad figuran el uso de la mascarilla, el distanciamiento social entre personas o la frecuente higiene de manos. Pero, asimismo, todos nos hemos acostumbrado y aceptamos de buen grado que alguien nos mida la temperatura corporal y compruebe que esta sea inferior a los 37 grados y pico; de lo contrario, no podremos acceder a hacer nuestra compra en un supermercado, a nuestro trabajo diario en una oficina, un almacén o una fábrica, ni siquiera a poder transitar por un aeropuerto para coger nuestro vuelo. En este 2020 el termómetro ha entrado de lleno en nuestras vidas y la medición de la temperatura corporal en un lugar público forma parte indispensable de la lucha por el control de la expansión del coronavirus.

Este encomiable esfuerzo está siendo llevado a cabo gracias, principalmente, a dos modelos de instrumentos de medición de temperatura corporal. Por un lado, los llamados termómetros infrarrojos y, por el otro, los conocidos como escáneres térmicos. Los primeros permiten una medición de la temperatura de forma precisa, individualizada y al instante en cuestión de segundos, condición indispensable para garantizar nuestro acceso a un supermercado, a un establecimiento de venta de ropa, a un restaurante o a un edifico público. Mientras que los escáneres térmicos – más costosos económicamente y con resultados menos precisos – pueden ser de gran ayuda para poder controlar a “vista de pájaro” la temperatura de un grupo de personas en tránsito, por ejemplo, por la terminal de un aeropuerto. El uso de un escáner térmico permite además medir la temperatura a distancia y sin ningún contacto.

Podemos decir que el escáner térmico usa, básicamente, una tecnología de lentes infrarrojas que es capaz de confeccionar un mapa de calor (“heat map”) de la temperatura que transmite un individuo, pudiendo así identificar a una persona que tenga fiebre y sea potencial portadora del coronavirus. En el caso de que esa persona presentara, además de un poco de fiebre, otros síntomas de la enfermedad como tos, dificultad respiratoria o fatiga, se le denegaría el tránsito y se le impondrían si fueran necesarias las correspondientes medidas de confinamiento aplicables en dicho momento en ese país o comunidad. Aunque no debemos olvidar que la inmensa mayoría de infectados con el virus solo presenta síntomas a los 4 ó 5 días de haberlo contraído. Es decir, que la medición de su temperatura corporal no garantiza de por sí el que esté libre de la enfermedad.

La utilidad y fiabilidad de los termómetros en la lucha contra el virus

Aunque la pandemia de Covid-19 haya convertido de una forma u otra al termómetro y a la toma de nuestra temperatura en rutina habitual hasta tal punto que estemos ya completamente habituados a ello antes de poder acceder a nuestro puesto de trabajo, a una entidad bancaria o a un centro comercial, es también cierto que la comunidad científica ha advertido en diversas ocasiones de que estas medidas no son tan útiles en la lucha contra la propagación del coronavirus. Hace unos meses, la prestigiosa revista Science – una referencia global en la divulgación de los avances científicos – advertía en uno de sus artículos de que la utilización de termómetros infrarrojos sin contacto corporal o de escáneres térmicos podrían con frecuencia ofrecer resultados imprecisos en un sentido u otro, esto es, resultados falsos tanto positivos como negativos debido al hecho de que dichos dispositivos lo que hacen realmente es medir  la temperatura de nuestra piel, pero sin llegar a medir la temperatura central de nuestro cuerpo, cuando este último parámetro debería ser siempre el que se tome como elemento de medición realmente fiable para detectar fiebre en un individuo.

Por lo tanto, podríamos entonces preguntarnos si este esfuerzo colectivo en la lucha contra la pandemia a través del uso generalizado de termómetros es realmente útil. Aunque no todas las personas infectadas con Covid-19 lleguen a desarrollar fiebre, es también irrefutable que la fiebre sigue siendo uno de los síntomas más obvios y frecuentes asociados al coronavirus, siendo además  uno de los síntomas que pueden detectarse de forma más objetiva. Es decir, aún no siendo 100 % fiable como instrumento a la hora de identificar a posibles contagiados, no deja de ser útil en este esfuerzo. Es por todo ello que la medición de nuestra temperatura corporal en espacios públicos seguirá siendo parte de nuestras vidas por un tiempo, habiendo convertido así al termómetro en casi objeto de moda en este complicado año 2020.

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